Archive for the ‘Perso-relatos’ Category

h1

All In

marzo 16, 2015

Poker Night, from a streetcar named desire (Thomas Hart Benton)

Poker Night, from a streetcar named desire (Thomas Hart Benton)



All In

Comienza esta semana poético-prosaica como acabó la pasada: hablando de cuerdas y cabos. Como una vez anunció mi amigo Julio (él que también ha decidido asir la mágica amarra de haikus que nos entregó nuestra Maga particular Desirée Acevedo y así “envidar con un farol al futuro”) “nos pagan por nuestra cabeza”, y de esta manera somos capaces de atar cabos de sogas recelosamente escondidas, a pesar de que sus extremos estén separados por los cientos de kilómetros que nos alejan, por ejemplo, de la capital… De esta pasta son algunos de mis queridos amigos ingenieros, seres cultos, geniales, pragmáticos, resolutivos además de trabajadores y que destacan sobremanera por una increíble capacidad de abstracción. Por eso, a ellos quizás, solo quizás, puedan robarles el corazón, pero difícilmente conseguirán robarles la cartera. En fin, ¡a jugar! Pero hagan sus apuestas con cuidado, que yo no hace mucho me atreví con un “All In” y me desplumaron.

Guerrillero urbano (Marzo de 2015)

A las guerras latentes, a sus generales…

h1

Noche de teatro

febrero 26, 2015

La noche estrellada (Vincent Van Gogh)

La noche estrellada (Vincent Van Gogh)



Noche de teatro

El otro día no pude acudir a tu actuación, aunque sabes que soy leal feligrés de todas tus obras de teatro, tanto si son de sala como de las callejeras, incluso cuando eran repetidas. Ruego me indultes. Por entonces yo estaba soñando sueños que creía imposibles de soñar. Tú en cambio iniciaste tu performance tratando de abrir la puerta de ese lugar cercano que, por pura connivencia social, llamamos mundo. Y esa apertura es una perestroika capacidad humana sobre la que debemos perseverar, por mucho que la realidad se empeñe obstinadamente en plegarse sobre sí misma, atrapándonos dentro. Desgraciadamente, querida amiga, eso hizo aquella noche contigo.

La ventura te llevó a encontrarte mediada la primera escena con Sancho, ese reflexivo joven que aunque a veces lo parezca no es ni mucho menos un paradigma para el siglo XXI del vasallo de Don Quijote. Yo lo identificaría más bien, perdona mi astrofísica metáfora, con un cometa que desde nuestra perspectiva espacio-temporal proyecta una lustrosa cola luminosa. Eso te gustó y nos fascina a todos, explicado con los porqués de cómo compramos el éxito y aborrecemos el fracaso.

Ahora te tengo que narrar la obra completa (antecedentes incluidos) como si se tratara de un cuento de niños, aunque quizás por ello o por otros motivos ulteriores no te complazca. Érase una vez ese cometa que vagaba errante por el universo y que un día quedó fascinado por una estrella. Ella proyectaba tonalidades tan hermosas que hubieran cautivado al más anciano científico de cualquier agencia espacial, por muy acostumbrado que él estuviera, por edad, a ver imágenes preciosas. Yo lo entendí, porque años atrás quedé también absorto por esa belleza interior, que no por su reluciente carcasa. Pero en ese instante concreto, medible a partir del origen del tiempo, el astro se consumía por dentro. Era una estrella imponente a la vez que decadente. Y el cometa, el pobre no lo sabía, se acercó y la orbitó elípticamente durante mucho tiempo, feliz de contemplarla así, como ella era, digna de contemplación. Desafortunadamente, en un determinado instante indeterminado por el principio de incertidumbre de Heisenberg (el físico teórico alemán, no el químico de las anfetaminas) la estrella, en un esputo de rayos cósmicos expulsó al cometa de su cíclico camino para proseguir libre con su proceso de autodestrucción. En esa funesta evolución perseveró, a veces sola, otrora acompañada, hasta que aconteció un simulacro de gran explosión que la quebró en mil pedazos. Mas eso no fue motivo de preocupación estelar, porque el trocito más hermoso, donde estaba el corazón de la estrella y todos sus sentimientos, se transformó en enana blanca (no dejen engañarse por el adjetivo sustantivizado, que hasta este tipo de estrellas son dimensionalmente enormes) y se ubicó en otro lado, en una posición más centrada, más madura, donde aun ahora luce tranquila, estable, controlando sus fuegos internos. Pero es el sino de ese tipo de estrellas perder fuerza de gravedad y, por ende, tener una mayor tendencia a yacer solitarias en el vacío del cosmos. En ocasiones encuentran antimateria en rededor. Otras, solamente la nada. Y ese es per se el relato que quería narrar, su síntesis, su esencia, es solo desamparo. No hay más. Y chinpún, se acabó. Así de rápido fue el desenlace de la obra y este cuento estelar del circo de las estrellas, donde todo parecido con la realidad es pura coincidencia…

Lamento haberme perdido la única representación de esta función sin postrimerías tangibles, de una tragicomedia en la que todo y nada aconteció. Son los rigores del directo. De ella solo queda melancolía y soledad. El sentimiento es propio, consecuencia de ese ágape que tú me enseñaste y que ahora yo sufro, y también disfruto.

Y toda esa soledad intrínseca es la que me asusta y me entristece. Porque mi yo-persona detesta el individualismo y es pasionario de la sinergia, así como de otros tipos de energía pura, o degradada como la entropía. De facto, no son los azares sino la entropía la que rige los destinos del incierto landemain. Y aunque queramos ser esclavos de las casualidades, somos tan solo propietarios de las causalidades. Es lo único que realmente nos pertenece. Estamos condenados a ello. Y punto. Suficiente metafísica para un día. Porque también hoy, mientras fabricaba esta carta sin papel, me reconocí en un individuo tipo tres de tu tabla mágica y rendí cuenta de que a veces escribo como si jugase a los telegramas.

Guerrillero urbano (Febrero de 2015)

A Pola, extraordinaria Fabulosa-Nebulosa

h1

Neurological flash

septiembre 28, 2014

Walac Despertar (José Angel Ipanaqué Trelles)

Walac Despertar (José Angel Ipanaqué Trelles)




Neurological flash

Hoy trazo con tiralíneas este inquietante Despertar, escrito en mayúscula e inmerso en una prosa que nunca se reivindica pero se percibe siempre difusa en mis versos. La poesía puede estremecer el corazón, transformar en escarpias los vellos de los brazos o incluso hacerte derramar lágrimas de amianto, pero es solo la prosa capaz de derribar esos muros que nos separan del efímero mundo de las ideas. Espero por tanto que la fuerza de este estilo ausente de lírica me lleve al lugar donde quiero llegar y de donde nunca debería haberme ausentado. A medida que escribo aun ando buscando el camino de regreso. Lo comencé a divisar esta mañana, cuando una neurona explotó en mi cerebro y proyectó, en esa orgánica pantalla cortesía de mi retina, la imagen de una antigua escena que yo ya había olvidado que alguna vez aconteció, y que sin embargo, azarosa de destinos, estaba escondida desde hacía años con intencionado recelo. El grotesco recuerdo se mostró como antagónico tesoro y en él pude ver personas que estuvieron, pero que ya no están (harto común en esos profesionales liberales que se hacen llamar arquitectos), en un ambiente elitista y pretencioso, a la vez que lúgubre, como si todo eso no fuera posible… Y allí estabas tú, justo en el centro de la imagen. El fogonazo neuronal te iluminó, te convirtió por un segundo en estrella de este cine de las estrellas, mudo en una Metrópolis muda, carente de labios, lengua de serpiente, tela de araña que solo un genio como Fritz Lang podría haber tejido. Entonces pude ver tu cara, algo más joven, con la misma expresión, tu sonrisa única aun huérfana de pliegues en la piel, la losa de la ley todavía sobre tu espalda, el sermón y sus cortapisas, la ira de Juan XXIII en tu pescuezo. En aquel funesto día para mí, no conseguí nada porque simplemente no podía o aun no sabía de qué manera hacerlo, tú todavía eras aquella persona que ya no eres o que quizás, sin que lo sepas, aun sigas siendo. Hoy he visto ese instante por última vez, porque esa célula, inteligente que fue de tener tanta memoria y también de saber cuándo suicidarse, ya es solo polvo en mi cabeza. Un telón se ha cerrado hoy sobre aquella noche, antes de la cual solo quedan tinieblas y ya no existe nada. Sin saber ni cómo ni porqué, tú ya tampoco existes…

Guerrillero urbano (Septiembre de 2014)

A Iulius Caecilius, amigo, consejero y director de este cine “de barrio”

h1

Complicidad

marzo 1, 2014

Pintura XI (Eduardo Labombarda)

Pintura XI (Eduardo Labombarda)




Complicidad

Despilfarro alemán
con tripas francesas,
diabólico engendro
blanco inmaculado,

y cruzará ésta no-España desierta…

De camas de cartón,
en puertas de bancos,
reciclados ecológicos
con acciones de papel mojado,

y tu plan de pensiones, privado…

Comunista de barrio,
liberal en la sombra,
pasajero de un barco
que naufraga en zozobra,

y corta su coleta al viento…

Socialista de salón
cómplice de este invento
con el puño bien alto
lleno de anillos dorados,

y este hipócrita reflexiona callado…

Sobre su bursitis mental,
malgastada en patrio acero,
de este no poderoso caballero
de podridos dineros…

Guerrillero urbano (Marzo de 2014)

A este dulce sentimiento de autodesprecio

h1

La otra Plaza Roja

agosto 2, 2011
Plaza roja (Wassily Kandinsky)

Plaza roja (Wassily Kandinsky)



La otra Plaza Roja

Otra Plaza Roja, ésta cerrada, de origen latinoamericano, de láminas metálicas y tonos ocres, nos arrebató gran parte de nuestra juventud. Nos hizo vivir durante años rodeados de infructuosas ecuaciones, gráficas, aproximaciones y todo tipo de elucubraciones abstractas; así como de muchos seres indeseables. Nos sustrajo la alegría de vivir y frustró nuestros primeros y desagradecidos amores. También nos hizo involucionar hacia comportamientos individualistas, egoístas e insolidarios. Incluso nos llevó a odiar a esos personajes distantes y altivos, que estaban al otro lado del telón, enaltecidos por un trono de terrazo de mala calidad. Y por último, venganzas del destino, nos adopto en ese otro lado. Lo hicimos conscientes de que este acto consistía en la elección de un mar rojo en un océano de oscuridad absoluta.

A veces me siento como un hombre sin patria ni bandera, sin color ni ideología, remando en ese infinito mar con un bote que muchos de mis amigos abandonan, teniendo la certeza de que yo solo bajaré viejo y extenuado; o tal vez muerto.



Guerrillero urbano (Agosto de 2011)

A Iulius Caecilius Iucundus, muchos hombres buenos en uno

h1

Deutsches Requiem

febrero 24, 2011

Rheinfalls (Franz Xaver Schnitzler)

 

Deutsches Requiem

Por macabro o grotesco que pueda parecer en estos días de todavía relativa juventud, en más de una ocasión he reflexionado sobre donde deben acabar mis restos. Y sin lugar a dudas, hace ya largo tiempo que decidí no terminar enterrado en un católico camposanto, compartiendo tumba con familiares más o menos cercanos, bajo una cruz sobre la que solo siento repudia y desprecio. Me niego en rotundo a perpetuar en los siglos venideros en ese pequeño apartamento de alquiler perpetuo, por más que la preciosa estampa del serrano paisaje merezca echar con cada alba un vistazo en rededor desde este lado del más allá. Estoy seguro de que mis queridos progenitores no me lo tendrán en cuenta, aun cuando ellos siempre me han querido tener cerca. Conocen mi alma viajera, mi espíritu romántico y quizás también la inquietud de mi existencia, por lo que si se diese el caso seguro respetarían mi decisión. Pero, si uno no quiere ser enterrado en el agujero previsto, ¿Entonces dónde? Mi carácter europeísta me hace mirar por encima de los Pirineos. Y allí diviso montañas heladas, lagos inmensos e interminables ríos; porque cuando se alza la vista desde tan lejos sobre una cordillera, uno fija su mirada donde le da la gana. Y ahí encuentro el lugar elegido, un camino fluvial que es Suiza, Holanda, Francia y también y sobre todo Alemania, aunque ahora mucho menos de lo que fue; que provocó dos guerras mundiales, – ¿Y cómo puede un simple río provocar dos guerras mundiales? – Pues puede. Que nace en los Alpes suizos, cruzando un enorme lago que fue mi casa, para poco después dejarse caer por enormes cataratas; que además de río es frontera, porque este río une y separa países, lenguas y personas, y tantas otras cosas; y contiene ruinas de famosos puentes destruidos, y da de beber a una mitad de nuestro continental parlamento duplicado, y cruza cuencas y valles industriales, y ciudades que lo contaminan, donde hay barcos por doquier que lo revuelven y distorsionan sin respeto, y al fin, un millar de kilómetros más allá desemboca de manera difusa en un nórdico mar, como sin saber bien ni cómo ni dónde. Es justo ahí, dejándome llevar por esa corriente, donde quiero realizar mi último viaje. Que mis cenizas se depositen en el nacimiento para poder así recorrer el camino completo, parando cuando me apetezca para tomar un trago de agua o de buena cerveza, hablando cara a cara con personas de distintas nacionalidades mientras visito sus ciudades, hasta llegar al mar y después al océano, donde al fin, pueda meditar con calma mi próximo destino.

 

Guerrillero urbano (Febrero de 2011)

A Iulius Caecilius, amigo fiel y fuente de inspiración